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El oficio de San Talarican

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Breviario de Aberdeen, parte de invierno (Edimburgo: Chepman & Myllar, 1509-10). Texto latino del oficio, extraído del proprium sanctorum. Contiene el final del oficio de una santa virgen y el oficio de san Talaricano (30 de octubre), patrono de Fordyce.

[Final del oficio precedente de una santa virgen:]… que había sido depositado; al encontrarlo, lo sacaron de la zanja, y poco después fue trasladado milagrosamente con el debido honor por el bienaventurado Guillermo, obispo de Trajectum [San Andrés]. Y cuando… Todo lo demás, del Común de una virgen no mártir.

«Oh Dios eterno, llena nuestros corazones, te rogamos, del amor inextinguible del bienaventurado Talaricano, tu confesor y pontífice, por su intercesión y sus méritos; un amor que los ríos de los pecados nunca puedan apagar en nosotros. Por el Señor». En maitines, nueve lecciones. Lección 1.

Talaricano, en cuya veneración y honor celebramos este día, era hijo de nobles padres de Irlanda. Tras recibir la dignidad episcopal del sumo pontífice de la Iglesia romana, se entregó a Dios con admirable devoción de espíritu, hasta tal punto que apenas hubo una hora de su vida en la que no ofreciese a Dios todopoderoso la hostia de su contemplación. Y cuando se hubo ofrecido con el sacrificio de un corazón contrito… Y cuando… Lección 2.

Todo lo que tenía lo daba en limosna. Cuando llegaba la hora de ofrecer el sacrificio, como deshecho por completo en lágrimas, se afligía con gran contrición de corazón y lavaba con lágrimas las manchas de sus pecados. Como médico celestial, aplicaba remedios saludables a cada uno de sus vicios; y así como en la medicina lo caliente se cura con lo frío y lo frío con lo caliente, el bienaventurado Talaricano procuraba aplicar remedios contrarios: continencia a la lujuria, generosidad a la avaricia, mansedumbre a la ira y humildad a la soberbia. De este modo puso el freno del amor, el temor y la caridad de Dios y del prójimo a todo cuanto se oponía a la virtud y a la ley de Dios, hasta extinguir por completo en sí todos los vicios de la carne. Y no se ejercitó así para dominarla como un príncipe, sino para dejar a los demás una forma de vida saludable. Con su predicación celestial y su ejemplo convirtió del paganismo a casi todo el pueblo de la provincia y consagró iglesias a Dios en muchos lugares. No pocas de las consagradas en su honor perduran hasta hoy en las diócesis de Aberdeen y Moray; quienes las visitan experimentan, por los méritos de aquel bienaventurado, curaciones de enfermedades y muchísimos milagros. Y cuando, Señor… Lección 3.

El bienaventurado Talaricano, reuniendo a sus discípulos y compañeros entre los diversos peligros que amenazaban en el mundo, celebró la misa como de costumbre. Después de recibir el cuerpo del Señor, les dio a todos la paz y la bendición en el Señor. Hecho esto, regresó a su humilde lecho y, tendido allí, al ver a sus sacerdotes y ministros de pie a su alrededor y sabiendo claramente que la muerte estaba cerca, los exhortó, como en una última despedida, a conservar el vínculo de la caridad y les predicó con qué concordia debían permanecer unidos. Lección 5.

Dicho todo esto, cerró los ojos con sus propias manos y, junto con el doble… entregó su espíritu a Dios el tercer día antes de las calendas de noviembre [30 de octubre]. Su santa alma, al llegar a los gozos eternos, mereció quedar libre de la corrupción de la carne; ahora la vemos puesta en el cielo con los ángeles, intercediendo por nosotros ante Dios, a quien sea el honor por siempre. Las tres últimas lecciones son de la exposición del Evangelio según Mateo.

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: Un hombre que partía a un país lejano…», y lo que sigue. Homilía del bienaventurado papa Gregorio. Lección 6.

«Hay que considerar que ningún hombre puede sentirse seguro y permanecer ocioso por haber recibido este talento. Nadie puede decir con verdad: “No he recibido ningún talento; no hay razón para que se me obligue a rendir cuentas”. Está el talento de la palabra: aun el pobre que lo haya recibido debe dar cuenta de él, aunque haya recibido el menor. Uno ha recibido entendimiento; debe el ministerio de la predicación, y este se cuenta como un talento. Otro ha recibido bienes terrenales; debe entregar en limosna, de sus bienes, el valor del talento. Otro no ha recibido entendimiento interior ni abundancia de bienes, pero ha aprendido un oficio del que puede vivir: ese mismo oficio se le contará como talento recibido. Otro no ha obtenido bien alguno, pero ha merecido hallar amistad con un rico: ha recibido el talento de la familiaridad. Por tanto, quien nada diga al rico en favor del necesitado será condenado por retener el talento. Quien tenga entendimiento, cuide de no callar. Quien tenga abundancia de bienes, vigile para no enfriarse en la generosidad de la misericordia. Quien tenga un oficio del que vive, procure con empeño compartir con su prójimo su uso y provecho. Tú, que puedes hablar con un rico, teme retener el talento. Pues si puedes interceder ante él por alguien y no lo haces—porque a cada uno de nosotros se le pedirá el talento, y el juez exige…»

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