1 Mirad: entre los bosques del Rin
nuestra barca se apresura, azotada por las olas,
y se desliza por el agua, mojada de espuma.
¡Ánimo, compañeros! Que nuestro eco resonante
responda «ánimo».
2 Los vientos levantan sus voces
y las lluvias airadas caen sobre nosotros,
pero la fuerza unida de los hombres vence
y domina la tormenta.
¡Ánimo, compañeros! Que nuestro eco resonante
responda «ánimo».
3 Pues aunque las nubes descarguen y la tormenta
azote con furia,
la voluntad de vencer no conoce derrota,
y el trabajo tenaz triunfa al final.
¡Ánimo, compañeros! Que nuestro eco resonante
responda «ánimo».
4 Manteneos firmes, los que sufrís grandes pesares,
y preparaos para los gozos venideros,
pues Dios les pondrá fin a su debido tiempo.
¡Ánimo, compañeros! Que nuestro eco resonante
responda «ánimo».
5 Así obra nuestro enemigo odiado, trayendo inquietud
a nuestras almas,
y, tentando el corazón al mal,
perturba con pasión nuestro ser más íntimo.
Recordando a Cristo, compañeros, que vuestros
corazones griten «ánimo».
6 Manteneos firmes en el espíritu y despreciad
las astucias del enemigo,
y, armados de virtud,
defendeos con todas vuestras fuerzas.
Recordando a Cristo, compañeros, que vuestros
corazones griten «ánimo».
7 La fe inquebrantable y el celo bendito vencen
todo peligro,
y las flechas del antiguo enemigo caen sin daño
cuando él emprende la huida.
Recordando a Cristo, compañeros, que vuestros
corazones griten «ánimo».
8 El Rey de las virtudes, Fuente de todo bien,
Poder omnipotente,
promete la recompensa al que lucha
y se la da al que vence.
Recordando a Cristo, compañeros, que vuestros
corazones griten «ánimo».
