1 Hay ocho vicios principales que precipitan al hombre a la perdición: la gula, la fornicación, la avaricia, la ira, la tristeza, la pereza, la vanagloria y la soberbia.
2 Sobre la necesidad de refrenar la gula, se dice: No te dejes engañar por la saciedad del vientre.
3 Sobre la fornicación: A los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios.
4 Sobre la avaricia, está escrito: El amor al dinero es la raíz de todos los males.
5 Sobre la ira: Quien se enoja con su hermano será reo del infierno de fuego.
6 Sobre la tristeza: La tristeza del mundo produce la muerte.
7 Sobre la pereza: La ociosidad ha enseñado mucho mal.
8 Sobre la vanagloria: Subirá el hedor de quien engrandece sus obras.
9 Sobre la soberbia: Dios resiste a los soberbios
y quien se ensalza será humillado.
10 Estos son, pues, los orígenes y las causas de todos los males, y deben curarse mediante sus contrarios.
11 La gula debe vencerse de tres maneras: con el ayuno de hora nona a hora nona, con la moderación y con la humildad de la comida.
12 La fornicación y toda impureza ni siquiera deben nombrarse entre vosotros, como conviene a santos, y deben superarse mediante la castidad y una continencia cuidadosa y siempre vigilante.
13 La avaricia se vence no poseyendo nada en propio y teniéndolo todo en común.
14 La ira debe someterse con la paciencia y la apacible mansedumbre.
15 La tristeza debe vencerse con la alegría espiritual y la esperanza de la bienaventuranza futura.
16 La inestabilidad de la pereza debe corregirse con la mansedumbre constante y la estabilidad de permanecer en un solo lugar, como dice la Escritura: Si el espíritu de quien tiene autoridad se levanta contra ti, no dejes tu lugar.
17 La vanagloria, la arrogancia inmunda y la soberbia se vencen con la verdadera humildad y la contrición del corazón en el temor de Dios.
