Ir al contenido

La vida de San Monán, ermitaño en Escocia

·3423 palabras·17 mins

Acta Sanctorum, marzo I (ed. de 1643–1668) — traducido del latín.

Comentario preliminar. #

§1. Fife es una provincia de los escotos, que se dice recibió su nombre de Duff, varón valeroso a quien se cuenta que el rey Kenneth la concedió hace ochocientos años; se extiende mucho hacia el este entre los dos estuarios, el Forth y el Tay. En ella se alza la ciudad arzobispal de San Andrés, frente al océano abierto. Allí, aproximadamente en tiempos de Fife y Kenneth —es decir, en el siglo noveno de la era cristiana— vivió san Monan, llamado popularmente san Mynnanus. Se dice que fue compañero de peregrinación y colaborador en los trabajos apostólicos de san Adrián, obispo y mártir, de quien trataremos el 4 de marzo, y que era el principal ministro de las cosas sagradas. El Breviario de Aberdeen, impreso en 1509 (como dijimos antes), afirma que él y muchos compañeros llegaron en barco desde Hungría o Panonia a las partes orientales de Escocia, entonces ocupadas por los pictos, movidos por el celo de la religión cristiana. Sin embargo, Héctor Boecio refiere que otros creen que fueron reunidos indistintamente de entre escotos e ingleses, lo cual nos parece mucho más creíble. Pues en aquel tiempo los chuni, o ávaros —bárbaros y enemigos capitales de la religión cristiana— habían ocupado Hungría durante algunos siglos; por ello apenas puede pensarse que estos santos huyeran de allí de una ferocidad que apenas comenzaba entonces a desatarse. Tampoco, si hubiesen nacido en Nórico o en la región vecina de los boyos, había motivo para que viajaran en tan gran número a tierras tan lejanas por causa de la religión —ya fuese para defenderla, pues florecía en su patria, o para extenderla fuera— cuando tenían cerca a los moravos, y los eslavos, vendos, carantanos y otros pueblos necesitaban mucho más instrucción, pues ignoraban por completo los misterios divinos o apenas los conocían; entre los pictos y escotos, en cambio, su conocimiento y práctica florecían de algún modo.

§2. Parece, por tanto, mucho más probable que Monan y aquellos otros mártires y confesores fueran escotos —ya habitantes de Britania, ya recién llegados de Irlanda— que deseaban instruir en piedad y disciplina decorosa a los pictos y a otros pueblos que Kenneth, rey de los escotos, había traído de otras partes para cultivar las tierras de los pictos, cuyos habitantes naturales habían quedado asombrosamente reducidos; o bien, cosa que apenas podría creer, eran anglos, galos o belgas, pueblos ciertamente más cercanos y en aquel tiempo mejor provistos de maestros de religión que los panonios o noricos. Tampoco puede establecerse, a mi juicio, por el testimonio seguro de ningún autor antiguo lo que Boecio escribe sobre los pictos (libro 10, p. 200): que los daneses, que bajo sus jefes Hungwar y Hubba devastaban entonces Escocia e Inglaterra y, entre innumerables otras matanzas, masacraron a san Adrián y sus compañeros en la isla de May, alegaban como pretexto de guerra contra los escotos que el miserable resto de los pictos les había transferido todo el derecho que tenían al reino de Albión, del que las armas escocesas los habían expulsado injustamente tras ser exterminado casi todo el pueblo. Los escritores antiguos dan ciertamente otra causa, más propia, de lo que llevó a aquellos dos jefes a Inglaterra, además de la causa general de que los daneses, o normandos, acostumbrados desde hacía tiempo a la piratería, ya habían comenzado a hostigar no solo las costas de Bélgica y Galia, sino también las regiones interiores, incitados principalmente por las guerras que malos consejeros habían suscitado malvadamente entre los reyes francos, parientes de Carlomagno; quizá también llamados por algunos de ellos. En efecto, aquellas naciones salvajes, que salían del Norte por permiso de Dios principalmente para castigar los crímenes que los cristianos cometían en todas partes, sacudieron toda Europa de un extremo a otro: venían, como escribe san Abón de Fleury —que vivió cerca de aquellos tiempos— en su Vida de san Edmundo, rey y mártir, «endurecidas por el hielo de su propia maldad, desde aquel extremo de la tierra donde fijó su asiento quien por soberbia deseó ser semejante al Altísimo». El mismo autor añade poco después que son tan crueles por su ferocidad natural que no saben ablandarse ante las miserias humanas, pues algunos de sus pueblos se alimentan de carne humana. Añade además que en Escitia, cerca de los montes Hiperbóreos, abundan muchas naciones semejantes que, como leemos, seguirán al Anticristo antes que todos los demás pueblos, para alimentarse sin piedad de los tormentos de quienes se nieguen a llevar en la frente la marca de la bestia.

§3. Pero cualquiera que fuese la causa de la que entonces surgió del Norte aquella inmensa tempestad, que perturbó casi todas las provincias occidentales, vivía en aquella parte de Escocia que hemos descrito, situada de este lado del estuario del Tay, san Adrián el obispo, quien con san Stolbrand, Glodian y muchísimos otros padeció el martirio en la isla de May. John Lesley, David Chalmers y Thomas Dempster añaden a san Monan a estos mártires. Boecio parece vacilar, o al menos considerar que él y san Gayo son una misma persona, al enumerar así a los mártires: «Adrián, el venerable prelado; Glodian; Gayo (o, como dicen otros, Monan), el archidiácono de San Andrés; Stolbrand, el obispo». De estas palabras se han de sacar uno de dos sentidos: o que, además de Gayo, Monan también —como dicen otros— estaba entre aquellos mártires; o que Gayo, como dicen otros, era la misma persona que Monan; o quizá Boecio había escrito «Gayo —o Gayo, como dicen otros: Monan», etc. Prefiero el primer sentido; George Conn parece haber preferido el segundo, omitiendo a Monan y haciendo a Gayo archidiácono. En el Breviario citado, el archidiácono es Monan, un confesor; Gayo también es confesor, aunque figura el 4 de marzo con los otros mártires.

§4. El Martirologio de Colonia, impreso en 1603, conmemora así a san Monan en las calendas de marzo: «En este día, san Monano, confesor». Hermann Greven, en el suplemento de Usuardo impreso en 1515 y 1521: «En Escocia, de Monano, levita y confesor». Pero el Florarium manuscrito lo hace obispo: «En Inglaterra —dice—, de Monano, obispo y confesor». Adam King, en su Calendario: «Mynnanus, archidiácono y confesor, en Escocia bajo el rey Constantino», el segundo de ese nombre. Dempster, en su Menologio escocés: «En Escocia, de Minnanus, archidiácono». Pero en su Historia eclesiástica de la nación escocesa, libro 13, hace de san Monan y Minnanus dos personas distintas, ambos archidiáconos y ambos famosos por escritos publicados. De san Monan escribe que compuso en un libro Epístolas a diversas personas y en otro Poemas sagrados, y que finalmente fue coronado con el martirio junto con san Adrián. Pero del otro, sin citar más autoridad que el Breviario escocés —que, si es el de Aberdeen, no contiene estas cosas—, Dempster refiere: «San Minnanus, el archidiácono, floreció, famoso tanto por su piedad como por su saber, muy querido por el rey Kenneth, con quien recorrió todo el reino; y, cuando el rey murió, no pudiendo soportar el desenfrenado lujo del rey Donald V, se retiró de la corte; después del desgraciado fin de aquel rey, volvió a ser tenido en gran honor bajo el rey Constantino II. Escribió un libro sobre la unión legítima del reino picto con el escocés; y un libro, Apología del rey. Vivió en el año 878; se le venera el 1 de marzo; tiene una iglesia en Galloway llamada Kilminnan».

§5. Así escribe Dempster, cosas que ni siquiera insinúan los escritores de asuntos escoceses que tratan extensamente de Kenneth, Donald y Constantino, y que apenas concuerdan con lo que ellos narran. Pues ¿quién creería que un hombre sabio y santo gozara del favor de Kenneth como dice Dempster, y fuera su compañero perpetuo al recorrer el reino, sin impedir aquella monstruosa crueldad que, según esos escritores, ejerció contra los pictos, sin perdonar edad ni sexo, ni siquiera a los sacerdotes, hasta destruir la raza entera de raíz, algo que los paganos en plena barbarie apenas habrían hecho? Pero Kenneth no fue tan salvaje, según pensamos, como quieren quienes solo alaban su sabiduría para dictar leyes, su celo por cultivar la religión y su magnanimidad al hacer la guerra. Kenneth mismo y sus dos hijos, Constantino y Eth, son llamados reyes de los pictos en ciertos anales antiguos citados por Ussher, De Britannicarum Ecclesiarum Primordiis, cap. 15, p. 719, de los cuales Ussher infiere —con razón, a nuestro juicio— que los pictos, aunque ya sometidos al dominio escocés, formaban todavía la mayor y mejor parte del reino de Alba. Además, Kenneth parecía reclamar aquel reino por derecho, porque Hungus —u Oengus, o Ungus—, rey de los pictos, que había dado su hermana en matrimonio a Achaius, rey de los escotos, había acordado que, si él mismo no dejaba heredero, los hijos de su hermana recibirían el reino. Ella dio a Achaius un hijo, Alpin; el hijo de Alpin fue Kenneth, llamado por ello MacAlpin. Cuando Hungus y poco después sus dos hijos murieron sin descendencia, los escotos reclamaron el reino para Alpin. Los pictos, aunque no quedaba nadie de la estirpe real, colocaron en el trono del rey muerto a un hombre de su propia raza llamado Fereds; y tras él, a varios otros que mantuvieron el poder por poco tiempo. Convenía, por tanto, que los escotos persiguieran su derecho por las armas. Esto tuvo un comienzo menos próspero cuando su mismo rey Alpin fue muerto en el tercer año de su reinado. Su hijo Kenneth, apenas en el quinto año —del año de Cristo 840—, derrotó a los pictos, muerto su rey Drusken, y unió aquel reino al suyo; aunque no exterminó por las armas hasta el último picto, salvo unos pocos restos de los cuales una parte huyó a los anglos y poco después fue también destruida por ellos, y otra a los daneses, como afirman los escritores escoceses. Quizá pasó a espada a una nobleza que se rebelaba con demasiada frecuencia y vació de habitantes las ciudades que resistían con mayor obstinación, pero no se entregó también a la matanza de una muchedumbre rendida y no guerrera, especialmente de cristianos, pues él mismo era cristiano y devoto, como proclaman los escotos. Sin embargo, desde entonces el nombre picto se desvaneció gradualmente y ambos pueblos fueron llamados en adelante escotos. Kenneth reinó aproximadamente desde el año 834 hasta el 855. No negamos del todo que san Mynnanus lo acompañara y le diera consejos prudentes y piadosos, aunque de ningún modo se prueba por el testimonio de los antiguos; pero negamos rotundamente que fuera una persona distinta de san Monan.

§6. En los martirologios irlandeses manuscritos, que John Colgan nos comunicó en otro tiempo, se dice que la memoria de los santos Mandanus (o Montanus) y Tianus (o Tiamanus) se celebra el 23 de febrero, como señalamos en ese día. El propio Colgan, en el volumen 1 de los Acta Sanctorum Hiberniae, los llama Mannanus (o Monnanus) y Tianus (o Tiaanus), y duda de si el primero no será nuestro san Monan, aquí tratado, y el segundo san Adrián, obispo y mártir, venerado el 4 de marzo. Pero el único fundamento que da para su conjetura es cierta semejanza de nombres, cosa de poco peso, y que en algún martirologio o heortologio que cita, san Monnanus es llamado «valeroso campeón», con lo cual piensa que se indica a un mártir y, por tanto, que se refiere a san Monan, que también fue mártir. Sin embargo, san Monan no padeció el martirio, como hemos dicho; y quien no fue mártir puede a veces ser llamado valeroso campeón. Además, ¿qué razón hay para que quien es venerado entre los escotos, donde vivió, el 1 de marzo, sea venerado entre los irlandeses el 23 de febrero en Aradhhaird o Aredh-Suird, pues lo escribe de ambas maneras? Con razón, por tanto, hemos relegado a ese Mandanus (o Mannanus) y a Tianus al deseo de aquellos santos cuya veneración, decretada por la Iglesia o tributada por la antigua piedad de los pueblos, no se nos prueba suficientemente, pues el propio Colgan admite que no se establece absolutamente nada sobre ellos: ni su época, ni sus hechos, ni su orden, sino solo que, por notas escritas hace algunos siglos, se recoge algún lugar oscuro donde su memoria floreció una vez. Pero es extraño que Colgan, que allí había propuesto tímidamente su conjetura, aunque sabía que Héctor Boecio dice que los santos Monan y Adrián y sus compañeros fueron reunidos indistintamente de entre escotos e ingleses, no los refiriera él mismo al 1 o al 4 de marzo como naturales de Irlanda; y también es extraño que no adivinara que su Mannanus podría ser san Marnan, de quien tratamos en este mismo día, pues ese nombre parece acercarse más a él, y los hechos de san Marnan no son claramente conocidos entre los escotos. También debe corregirse esto en el relato de Colgan: escribe que la isla de May yace entre Irlanda y Britania, en el lado occidental de la isla, cuando está en el lado opuesto de Britania, a saber, en el estuario del Forth, que Ptolomeo (libro 2, cap. 3, mapa 1 de Europa) llama Boderia y Tácito, en la Vida de Agrícola, cap. 23, Bodotria, y que desemboca en el océano Germánico, en la costa oriental de Escocia.


La vida de san Monan. #

Del antiguo Breviario de Aberdeen. #

§1. Monan, confesor de Cristo, nació en la provincia panonia de la región de Hungría, de aquella compañía que, junto con el bienaventurado y santísimo Adrián el prelado, fue martirizada y coronada en la isla de May —rodeada por las olas del mar— por los noricos o dacios, entonces paganos. Pero antes de que la mencionada compañía de mártires fuera consumida por el martirio en la mencionada isla, el bienaventurado Monan, sostenido por un ardiente amor a la religión cristiana, pasó a la costa vecina para predicar la palabra de salvación al pueblo de la tierra; y en el lugar llamado Inverny, en Fife, donde ahora reposan sus santas reliquias, eligió por elección divina su morada, en la cual, entregado de modo eminente a los oficios divinos, pasó felizmente sus días.

§2. Pues junto a su tumba, el poder que resplandeció en él mientras vivía no deja de mostrar, alrededor del cuerpo del muerto, que es honrado en los cielos: allí se puede ver a los ciegos recibir la vista, a los sordos recuperar el oído, a los cojos andar, a los cuerpos contraídos enderezarse, a los endemoniados y poseídos ser restituidos sanos y a todos los enfermos de cualquier enfermedad volver a la salud; y obtenerse, por el patrocinio y los méritos del bienaventurado Monan, cualquier cosa justa que se pida. Cada una de estas cosas se cuenta solo brevemente, para no cansar al lector. Sin embargo, la abundante multitud de peregrinos que acude a su tumba atestigua hasta hoy cuán grande fue su mérito ante Dios.

§3. Aunque después de la ascensión del bienaventurado a los cielos sus preciosas reliquias estuvieron en este mundo guardadas en una humilde capilla, el gloriosísimo príncipe David, segundo rey de los escotos de ese nombre, muy guerrero y valeroso, construyó una suntuosa iglesia en reverencia del mencionado confesor y en honor de Dios, a causa de la curación, por los méritos de san Monan, del propio rey y de otros de su reino de diversas enfermedades; y la dotó de muchas y notables posesiones para el sustento de los religiosos de aquel lugar.

§4. Sucedió entretanto que, en una batalla librada contra los ingleses por el mencionado rey, fue herido mortalmente por una flecha de hierro con púas, llamada comúnmente virote de catapulta, que ni el arte de los médicos ni el remedio de los cirujanos pudieron extraer, de modo que todos temían la muerte del rey más de lo que esperaban su vida. Por fin, abandonados todos los remedios de la medicina, hizo solemnemente un voto a san Monan y se apresuró a su santuario; hecho esto, aquella flecha de hierro saltó por sí misma de la herida del rey, y quedó sano y salvo sin cicatriz.

§5. Cierta honorable matrona, adornada con ilustres padres, fue enloquecida por una desgraciada calamidad hasta tal punto que, impulsada por la locura y la furia de la ira, agitada por un espíritu maligno, intentó despedazar a los padres que la engendraron y a los hijos que había dado a luz, desgarrándolos contra naturaleza como un perro que muerde. Por fin, atada y puesta en las cadenas más firmes, sus padres la llevaron ante san Monan; para su liberación, ellos derramaron devotísimas oraciones a Dios y al bienaventurado Monan. Cuando la pobre mujer hubo descansado un poco y despertó de nuevo, por los méritos del bienaventurado Monan los demonios que ocupaban el cuerpo de la mujer salieron con grandes aullidos, dejándola medio muerta. Al partir ellos, fue restituida de inmediato a su antigua salud, bendiciendo al Señor en todas sus obras.


Notas:

a) De qué nación parece haber nacido san Monan, lo hemos dicho en el comentario preliminar y volveremos a decirlo el 4 de marzo en la Vida de san Adrián, obispo y mártir.

b) Los escritores de la Edad Media llaman dacios a los daneses, aunque aquellas naciones eran diferentes y estaban muy alejadas entre sí. Norici también se toma por noruegos u hombres del Norte, sobre todo entre ciertos escritores de historia inglesa, aunque los noricos fueron antiguamente vecinos de los retos, vindélicos y boyos, y por el este de los panonios, limitados al norte por el río Danubio. En cuanto a la idea de que el nombre debe derivarse de la palabra Nort, que en teutónico significa Norte, de modo que Noricum sería Nort-riick, es decir, «reino septentrional», asentiría a ella más fácilmente que a la fábula que Lazius refiere de no sé qué anales acerca de Norix, hijo de Hércules, quien se dice que conquistó a los boyos, pobladores de aquella región venidos de Armenia; cuando los mismos boyos, originarios de Galia, se asentaron en Nórico.

c) David II sucedió a su padre Robert Bruce en el reino de Escocia hacia el año 1329, siendo casi un niño; murió en 1371, después de sufrir muchas penurias de guerra durante todo su reinado, que los escritores de la historia escocesa relatan extensamente. Uno de ellos, hombre por lo demás lejos de ser bueno, observa acertadamente que parecía faltarle siempre la fortuna, más que la diligencia.

d) Boecio dice que esto sucedió cuando David fue capturado por los ingleses: «rodeado por tan gran número», dice, «habiendo recibido ya dos heridas, con los dardos aún clavados en él, no pudo abrirse paso». Otros también admiten que el rey fue herido entonces. Henry Knighton, escritor de aquel tiempo, dice en su libro sobre los sucesos de Inglaterra bajo el año 1346 —no 1348, como algunos sostienen—: «El rey de Escocia huyó de la batalla y fue herido en la cabeza por una flecha, y fue capturado en Merrington por uno de los hombres de John Coupland». Y Buchanan, libro 9: «El rey mismo fue capturado por John Copland, a quien había derribado dos dientes de un puñetazo cuando le sacaban los dardos, pero ya gravemente herido por dos flechas». ¿Cómo, pues, habría podido llegar al santuario del santo, como también indica Boecio, cuando estaba cautivo entre los ingleses?

e) Boecio: «Un dardo clavado en la tibia del rey no pudo extraerse de inmediato, hasta que visitó a san Ninian. Pues entonces se vio claramente abrirse la tibia y saltar el dardo». Pero san Ninian, obispo de Candida Casa y apóstol de los pictos del Sur, cuatrocientos años anterior a Mynnan, es una persona distinta de san Mynnan o Monan; daremos su Vida el 16 de septiembre. David Chalmers refiere que el rey fue curado por el favor de san Monan, no de san Ninian, y escribe expresamente: «El rey David, poniendo toda su esperanza en Dios y recordando los milagros que Él obraba por medio de su siervo Monan, fue llevado a Inverny, donde estaba su tumba, acompañado por los nobles del reino», etc. Y después de narrar aquel milagro añade: «En memoria perpetua de este beneficio, el rey David mandó construir allí una iglesia muy suntuosa en honor del bienaventurado Monan y la dotó primero de rentas, asignando sacerdotes colegiales a aquella iglesia para la celebración de los misterios divinos».


[Sigue en la fuente la noticia de san León, mártir.]

↑