Traducción al inglés británico moderno; el prefacio del editor se ha condensado a lo esencial.
Prefacio del editor (W. Levison) #
El monje Lamberto sucedió a Wandregisilo, primer abad del monasterio de Fontenelle. Mientras gobernaba la comunidad, Childerico II le concedió en 673 las posesiones fiscales de Ulmir y Warinna. Le otorgó también parte del bosque de Jumièges, cuyos límites provocaron una disputa entre los abades Lamberto y Filiberto, resuelta por Audoeno, obispo de Ruan. Teoderico III, restituido al trono después del asesinato de su hermano Childerico en 675, concedió a Lamberto la finca de Dusera junto al Ródano, en Provenza—hoy Donzère, departamento de Drôme—. Allí se construyó un cenobio con monjes enviados desde Fontenelle, subordinado a este como a su casa madre. Los monjes de Fontenelle no avanzaron menos hacia occidente: a petición de Pascario, obispo de Nantes, Ermenlando, enviado por Lamberto, construyó el cenobio de Indre en una isla del Loira, cuyos rectores fueron elegidos siempre entre los monjes de Fontenelle. En 675, Condedo legó por testamento a Fontenelle su monasterio de la isla de Belcinac, junto con sus posesiones. Cuando Genesio, obispo de Lyon, murió el día de las calendas de noviembre de 677 o en uno de los dos años siguientes, Lamberto fue nombrado en su lugar. Renunció entonces al gobierno del monasterio, que asumió Ansberto; se dice que, después de la muerte de Audoeno en 684, Lamberto consagró a Ansberto obispo de Ruan. «Landeberto, obispo por la gracia de Dios», firmó entre los metropolitanos la carta que Aigliberto, obispo de Le Mans, concedió a las monjas de Santa María en 683. Murió poco después, pues ya no vivía cuando el rey Teoderico otorgó una finca a su sucesor, el obispo Godino, el 30 de octubre de 688. Su muerte, el 14 de abril, figura en los códices de Fontenelle del Martirologio Jeronimiano.
La Vida de Lamberto fue compuesta por el mismo monje de Saint-Wandrille que más tarde escribió la Vida de Ansberto, como él mismo declaró y apenas cabe dudar. Surgió, pues, poco antes de 811, año en que ya existía la Vida de Ansberto; es significativo que el autor utilizara las cartas de Fontenelle. Tuvo también ante sí las vidas de Lupo de Troyes y de Eligio, que empleó al describir la muerte de Wandregisilo y las costumbres de Lamberto y Audoeno. Por desgracia, hoy se ha perdido la mayor parte de la Vida. El autor repitió fragmentos en la Vida de Ansberto, y la obra fue utilizada y citada en gran medida por los autores de la segunda Vida de Audoeno, la Vida de Condedo, las Gesta de los abades de Fontenelle y la segunda Vida de Wandregisilo. El autor de esta última—posterior en no menos de siglo y medio—afirmó falsamente que había sido dedicada al propio pontífice Lamberto.
Un códice, Le Havre 332 (A 34), que perteneció antes a Fontenelle—sobre cuyas vicisitudes un bibliotecario del monasterio anotó en una hoja antepuesta: «Crónica mayor de Fontenelle recopilada en 1639 por D. Augustin de Broise, monje de la Congregación de San Mauro, a partir de folios dispersos en los archivos»—, conserva en los folios 136r–137r únicamente la primera parte de la Vida de Lamberto, copiada a finales del siglo XII; los folios restantes se han perdido. El erudito B. Krusch cotejó el texto. Mabillon publicó por primera vez la Vida a partir de este mismo códice, ya mutilado, en Acta sanctorum ordinis S. Benedicti (saec. III, parte 2, París, 1672, pp. 462–465). Henschenius (AASS, abr. II, 1675) y Ghesquière (Acta sanctorum Belgii IV, 1787) reprodujeron esta edición; Bouquet (Recueil III, 1741) extrajo fragmentos del texto de Mabillon.
Hechos del señor Lamberto, abad de Fontenelle y arzobispo de Lyon #
[Una mano posterior añade: «Aquí comienzan las gestas del bienaventurado Lamberto, abad, que después del bienaventurado Genesio se convirtió en el segundo prelado de la Iglesia de Lyon y, tras el generoso Wandregisilo, gobernó el cenobio de Fontenelle durante trece años y ocho meses. Construyó también el cenobio de Donzère, en la región llamada Provenza, junto al río Ródano, y en su tiempo nuestra iglesia recibió muchísimas posesiones».]
1 Lamberto, hombre ilustre, descendiente de una familia nobilísima y nacido de un padre llamado Erleberto en el territorio de Thérouanne, fue el primero en suceder en el gobierno del cenobio al gran sacerdote del Señor y padre admirable en Cristo, Wandregisilo. Antes había combatido con hábito secular en la corte del niño rey Clotario, hijo de Clodoveo, aunque su alma anhelaba otra milicia, como demostraron los hechos. Por fin, en el octavo año del citado niño rey, abandonó la corruptible milicia real, depuso las espadas forjadas en hierro y voló con suma devoción hacia el campamento resplandeciente de Cristo. Revestido con el casco de la salvación, la coraza de la fe y la espada del Espíritu Santo, combatió felizmente contra el enemigo invisible. Recibió la tonsura en este mismo cenobio bajo el citado venerable padre de santa memoria, Wandregisilo, cuatro años antes de que aquel siervo de Cristo emprendiera el camino de los padres. Sus tíos, hombres ilustres y nobilísimos en el mundo llamados Hrotberto y Haltberto—el primero, Hrotberto, había sido entonces referendario mayor del palacio; el segundo, Haltberto, recibió más tarde del propio san Lamberto el hábito clerical—, llevaron con honor a aquel hombre ilustre al cenobio de Fontenelle, aunque deseaban disuadirlo de su propósito para que permaneciera con el hábito común. El día en que le cortaron el cabello, además de otros presentes de diversas clases, entregó al citado gran padre setenta sólidos de oro engastados en sus adornos labrados, es decir, en su cinturón, correas y brazaletes. Era hijo de padres muy ricos y honorables; en la casa real no se lo tenía por uno más, sino que resplandecía con el más alto honor. Y así como se mostró noble en los asuntos del mundo, la inocencia de su vida lo hizo aún más noble. El citado padre admirable del cenobio lo amaba por la manifiesta pureza de su conducta. Corresponde contar ahora en esta obra de qué modo asumió después de él el cargo de gobierno.
2 El bienaventurado siervo de Cristo antes mencionado, Wando, había gobernado este cenobio durante diecinueve años y cinco meses desde el primer día de su construcción. Ya decrépito y anciano, a los noventa años, poco antes del día de su muerte lo acometió una moderada debilidad. Llegado a sus últimos momentos y atento a la lucha de su partida, toda la compañía de los hermanos le preguntó a quién pondría al frente de ellos como rector después de morir. Se cuenta que les respondió: «Creo, amadísimos hijos, que después de mi muerte Dios os proporcionará el mejor rector; yo, siervo suyo suplicante, imploro su clemencia… Pero vosotros, queridos míos, pedid consejo a su voluntad y someted siempre a su juicio cuanto deba hacerse. No deseéis que mi camino se prolongue hasta el cansancio; protegedme más bien con vuestras oraciones y recordad siempre mis advertencias. Hoy encomiendo vuestro cuidado a Cristo, pastor supremo de todos. Que él os conceda recordar mis pequeñísimas advertencias y guardar siempre sus dulcísimos preceptos, para que merezcáis llegar felizmente a su resplandor eterno. No obstante, aquí están mis dos hijos muy amados, sobre uno de los cuales recaerá el gobierno después de mi humilde partida». Uno de ellos era Lamberto y el otro, el ilustre Ansberto; ambos se distinguían de manera singular por las virtudes de una religión excelente y eran compañeros en la obra de Dios. Cuando el siervo de Dios terminó este discurso sagrado, entregó su alma al cielo para unirse a los coros angélicos y poseer la felicidad del paraíso. Fue el undécimo día antes de las calendas [22 de julio], sábado, en la séptima indicción. Después de su glorioso tránsito, toda la comunidad de monjes suplicó la clemencia de Cristo y celebró con plena devoción un ayuno de tres días. Concluido este con suma devoción, eligieron al citado Lamberto para ocupar el cargo de gobierno. Era el año 663 de la encarnación del Señor, en la indicción mencionada, undécimo año del citado niño rey Clotario; ya había transcurrido el séptimo año del papa Vitaliano. Lamberto permaneció en el mismo cenobio trece años y ocho meses, bajo tres reyes hermanos que empuñaron por turno y en orden los cetros del reino de los francos: Clotario, Childerico y Teoderico.
3 El venerable padre Lamberto era casto en sus actos, generoso en la caridad, firmísimo en la fe, prudente en sus consejos, notable por su bondad, afable al conversar y dispuesto para toda obra excelente. Era también alto de estatura y de rostro hermoso; desde la planta del pie hasta la coronilla resultaba muy elegante. Todos los reyes mencionados, en sus conversaciones mutuas y también en los documentos de privilegios o cartas que le dirigían, no lo llamaban sino «el señor Lamberto, nuestro venerable padre en Cristo, abad». Después de la muerte del joven rey Clotario, quedaron con vida sus hermanos Childerico y Teoderico. Surgió entre ellos una fuerte contienda por la vida y por la cima del reino: unos favorecían al partido de Childerico y otros se inclinaban por Teoderico. El venerable Lamberto actuó con tanta cautela que no se inclinó hacia ninguna parte hasta que un sector del pueblo venció a su rival. Cuando Childerico subió al trono, Lamberto recibió de él tal honor que obtuvo sin dificultad todo cuanto le pidió, como demuestran claramente las concesiones de ciertas posesiones que entregó al venerable padre y al cenobio. Finalmente, a petición de la reina Bilhilda y de los venerables obispos—Leodegario, de santa memoria, que más tarde se convirtió en glorioso mártir; también Nivo, obispo [de Reims], y Ermeno—, y de los ilustres Fulcoaldo, Amalrico, Vulfoaldo, mayordomo de palacio, Bavo, Waningo, Adalberto y Garino, hermano del obispo Leodegario, concedió al venerable padre dos fincas fiscales llamadas Ulmir y Warinna. Estaban situadas en la comarca de Le Talou, junto a los ríos Béthune y Varenne, con todas sus dependencias: Cressy, Seda, Magnerot y otro Magnerot, Néon y Toscarias, junto con la tierra del litoral, las parcelas de las salinas y las pesquerías allí establecidas; y también las viñas de Varnes, junto al Sena, en la comarca de Vexin, en toda su integridad. Mediante dos privilegios otorgados por su autoridad, concedió todas estas cosas al venerable padre y al cenobio de Fontenelle para que las poseyeran por derecho firmísimo para siempre. Esta largueza real se promulgó en el agradable palacio de Arlaune, en el undécimo año del citado rey—el primero de su reinado en Neustria—y en el quinto año del ilustre rector del cenobio desde que ocupó el cargo de gobierno después de la bienaventurada partida del gran padre y sacerdote ilustre de Cristo, Wandregisilo. Todavía existen muchas concesiones de diversas posesiones hechas por el mismo rey al reverendísimo padre, cuya enumeración sería muy laboriosa. Entre otros muchos dones, le concedió también parte del bosque de Jumièges. Conservamos algunos privilegios relativos a él, custodiados en este cenobio como un depósito sagrado; quien se digne leerlos encontrará en ellos los lugares señalados que delimitan aquella donación.
4 En aquel tiempo surgió una disputa considerable entre el venerable padre Lamberto y el reverendísimo Filiberto, rector del cenobio de Jumièges, acerca de los límites del mismo bosque. El gran pontífice de la Iglesia de Ruan, Audoeno, de gloriosa memoria, los hizo volver a la concordia de la verdadera paz mediante su autoridad y una carta del citado rey dirigida a él sobre el mismo asunto, y dividió el bosque en partes iguales entre aquellos generosos padres. Como la parte del padre Lamberto parecía mayor, el obispo, con su consentimiento, entregó de aquella división una pequeña porción a la basílica del ilustre mártir de Cristo Dionisio, situada a orillas del cauce del Sena en el lugar llamado Duclair, donde entonces Lidoaldo ocupaba el puesto de gobierno. Audoeno destacaba por su santidad: tales fueron siempre las señales de su perfección, que abrió a sus conciudadanos el camino de la salvación mediante santas predicaciones, instruyó a los incultos e ignorantes del pueblo con ejemplos resplandecientes y, lleno del vigor del Espíritu celestial, hizo volver también a los enfrentados, con el mayor empeño, al resplandor de la concordia.
5 El citado rey Childerico, por las asechanzas de sus propios servidores—Amalberto e Ingoberto, junto con Bodilón, Lupo y otros—, fue privado de la vida y del reino con su esposa Bilhilda y su hijo Dagoberto. El citado gran [sacerdote Audoeno los sepultó; aquí falla el manuscrito, pues se han perdido los folios restantes. La segunda Vida de Audoeno conserva la continuación: Audoeno los había sepultado mucho antes en la basílica de San Pedro de Ruan. El cuerpo del rey Childerico y los de su familia fueron descubiertos en la basílica de Saint-Germain de París en 1656].