Revue Celtique 9 (1888)—texto irlandés sin corregir
1 El texto del relato que sigue, impreso ahora por primera vez, procede de una transcripción que hice en 1871 de la única copia conocida, la que ocupa las columnas 391-395 de H. 2. 16, manuscrito del siglo XIV conservado en la biblioteca del Trinity College de Dublín y llamado comúnmente Libro Amarillo de Lecan. El relato pertenece a una clase de sagas llamadas Imrama, de las que sólo se conocen otros tres ejemplos y sobre las cuales el doctor Schirmer, de San Galo, está a punto de publicar un tratado. Como la más conocida de estas sagas, el Imrom Maele Duin, nuestro relato tiene dos partes, cada una narrada primero en prosa y luego en verso. Éste, como de costumbre, está lleno de ripios, suele ser oscuro y a veces se halla evidentemente corrompido. En la presente edición se omite el verso.
2 El viaje de Snedgus y Mac Riagla (o Mac Riaguil) fue analizado por O’Curry en sus Lectures, p. 333, y citado por él en Manners and Customs III, 385, por ofrecer dos ejemplos del raro vocablo sianan, cierto tipo de música vocal. Otras palabras semejantes son cuilefaid=culebad (gl. flabellum)1; fant, «hondonada», tomado del galés pant; comgaire, «proximidad»; braga (dat. pl. braigtib), «prisionero»; aile, «cerca»; mesrugud, «sentencia»; forbas, «asedio»; eisles, «descuido». También pueden señalarse la expresión dia bliadna, literalmente «(aquel) día del año (siguiente)», y la tercera persona plural del futuro activo reduplicado gébtait.
3 Algunos personajes mencionados en nuestro relato son figuras históricas del siglo VII. El rey Domnall, hijo de Aed, hijo a su vez de Ainmire, primo hermano de san Columba, murió en el año 642 d. C. (o 639, según los Cuatro Maestros). Sus sucesores, los hijos de Maelcoba, Conall Cael y Cellach, reinaron conjuntamente hasta el año 659 d. C. (o 656). Por tanto, los acontecimientos del relato pueden fecharse de manera aproximada a mediados del siglo VII.
4 Los hombres de Ross, cuyo acto de venganza da origen al relato, eran una tribu cuyo territorio, según O’Donovan2, «comprendía las parroquias de Carrickmacross y Clonany, en el condado de Monaghan, y partes de los condados vecinos de Meath y Louth».
5 Grande fue el resentimiento de los hombres de Ross después de la destrucción de Domnall, hijo de Aed, hijo de Ainmire, y ésta fue la causa de su resentimiento. Después de que los hijos de Mael Coba se apoderasen de Irlanda tras Domnall, los hijos de éste, Donnchad y Fiacha, gobernaban Cenél Conaill y a los hombres de Ross: Donnchad, la tierra de Conall, y Fiacha, a los hombres de Ross.
6 Grande fue la dureza que padecieron bajo Fiacha, pues a ninguno se le permitía llevar armas ni vestir ropas brillantes. Nunca antes los había gobernado un rey semejante, y excesiva era la carga de su servicio.
7 Fiacha llevaba un año gobernándolos. Al cumplirse el año llegó a Inber Bóinne y convocó a los hombres de Ross. Les dijo: «Prestad aún más servicios».
8 «No nos queda nada», respondieron. Él les dijo: «Verted toda la salmuera sobre mi palma».
9 La vertieron, y tal era aquella salmuera que la mitad era sangre.
10 Entonces dijo: «Todavía no habéis cumplido todos vuestros servicios, pues no está toda la salmuera. Rellenad las hondonadas con las colinas para que sean tierra seca. Plantad bosques en las llanuras para que se conviertan en selvas».
11 Entonces salió un ciervo de una piedra cercana. Toda la casa del rey se levantó para perseguirlo. Los hombres de Ross tomaron entonces las propias armas del rey, pues ninguno de ellos tenía armas, y después lo mataron.
12 Su hermano Donnchad consideró mala aquella acción, fue a prenderlos a todos y los encerró en una sola casa para quemarlos.
13 Pero se dijo: «No está bien que haga esto sin el consejo del amigo de mi alma, Colum Cille».
14 Envió un mensajero a Colum Cille. Snedgus y Mac Riagla acudieron de parte de Colum Cille con este consejo: que sesenta parejas de ellos fuesen abandonadas en el mar y que Dios dictara sentencia sobre ellos.
15 Les dieron pequeñas embarcaciones y los abandonaron en el mar, vigilándolos para impedir que regresaran.
16 Snedgus y Mac Riagla emprendieron el regreso a Iona, junto a Colum Cille.
17 Mientras iban en su coracle, se dijeron que por voluntad propia saldrían en peregrinación al océano exterior, tal como habían ido las sesenta parejas, aunque éstas no lo habían hecho voluntariamente.
18 Entonces pusieron rumbo al sur, y el viento del sudoeste los llevó al océano exterior.
19 Al cabo de tres días los sorprendió una tormenta tan fuerte que no podían soportarla.
20 Cristo se compadeció entonces de ellos y los llevó a una corriente de sabor dulce, como leche recién ordeñada, con la que quedaron saciados. Dieron gracias a Dios y dijeron: «Dejemos nuestro viaje en manos de Dios y metamos los remos en la barca». Desde entonces dejaron que el viaje siguiera su curso y metieron los remos en la barca. Cuando llegaron, habló entonces el poeta:
21 Snedgus y Mac Riagla
22 de la casa de Colum Cille
[…]
23 Después fueron llevados a otra isla que tenía una cerca de plata en medio y una presa para salmones. La presa era una lámina de plata, y grandes salmones saltaban contra ella. Cada salmón era tan grande como un ternero, y ellos comieron hasta saciarse.
24 Luego remaron hasta otra isla, donde muchos jóvenes salieron a su encuentro con cabezas de gato. Un hombre que hablaba gaélico bajó hasta la playa, les dio la bienvenida y les dijo: «Soy uno de los hombres de Irlanda. Llegamos aquí toda la tripulación de un coracle y no queda ninguno salvo yo. Los habitantes extranjeros de esta isla les dieron muerte de mártires».
25 Les dio alimentos para el coracle, y ellos dejaron una bendición y recibieron otra.
26 El viento los llevó después a una isla donde había un gran árbol lleno de hermosas aves. En la copa había una gran ave con cabeza de oro y alas de plata. Les contó historias del principio del mundo, del nacimiento de Cristo de la Virgen María, de su bautismo, su pasión y su resurrección. También les habló del Juicio. Entonces todas las aves se golpearon los costados con las alas hasta que, por temor a la señal del Juicio, corrieron gotas de sangre de sus costados. Aquella sangre era comunión y sacramento. El ave dio a los clérigos una hoja de aquel árbol, del tamaño de una gran piel de buey, y les dijo que la llevaran consigo al altar de Colum Cille. Ése es hasta hoy el flabellum de Colum Cille, que se encuentra en Kells.
27 Dulce era la música de aquellas aves al cantar salmos y cánticos en alabanza del Señor, pues eran las aves de la llanura del cielo, y las hojas de aquel árbol jamás se marchitan.
28 Bendijeron entonces a las aves y remaron hasta una tierra horrible donde había hombres con cabezas de perro y crines de caballo. Por mandato de Dios, un clérigo salió de la isla para ayudarlos, pues allí corrían peligro y no tenían alimento, y les dio pescado, vino y trigo.
29 Después remaron hasta llegar a una tierra donde había gente con cabeza de cerdo, y ellos […], acompañados de grandes segadores que cortaban el cereal en pleno verano.
30 Partieron de allí en su coracle, cantando salmos y orando a Dios, hasta que llegaron a una tierra habitada por hombres de Irlanda, y
31 las mujeres de la isla comenzaron enseguida a cantar sianan para ellos, y a los clérigos les pareció dulce.
32 «Seguid cantando—dijo el clérigo—, pues ése es el sianan de Irlanda».
33 «¡Venid, clérigos!—dijeron las mujeres—. Vamos a la casa del rey de la isla, pues allí seréis bien recibidos y agasajados».
34 Las mujeres y los clérigos fueron a la casa. El rey recibió a los clérigos, alivió su cansancio y les preguntó: «¿De qué linaje sois, clérigos?».
35 «Somos hombres de Irlanda—respondieron los clérigos—y pertenecemos a la casa de Colum Cille».
36 «¿Cómo está Irlanda—preguntó—y cuántos hijos de Domnall siguen vivos?», dijo el rey.
37 El clérigo respondió: «Domnall tuvo tres hijos. Fiacha, hijo de Domnall, cayó a manos de los hombres de Ross, y por aquel hecho sesenta parejas de ellos fueron abandonadas en el mar».
38 «Es verdad ese relato, clérigos. Yo maté al hijo del rey de Tara, y nosotros fuimos abandonados en el mar. Nos ha ido bien, pues estaremos aquí hasta que llegue el Juicio, y vivimos bien, sin pecado, sin lujuria y sin engaño gracias a ello. Buena es la isla en la que estoy, pues en ella se encuentran Enoc y Elías, y noble es la morada de Elías».
39 Les ofreció un gran recibimiento y dijo: «Hay dos lagos en esta tierra, uno de agua y otro de fuego. Hace mucho que habrían alcanzado Irlanda de no ser por las oraciones de Martín y Patricio contra ellos».
40 «Nos gustaría ver a Enoc», dijo el clérigo.
41 «Se encuentra en un lugar oculto. Todos llegaremos a él el día de la última batalla».
42 Partieron entonces remando de aquella tierra y estuvieron sobre las olas del mar
43 durante mucho tiempo, hasta que Dios les prestó gran ayuda, pues estaban cansados. Vieron una isla grande y elevada, y era maravilloso y santo cuanto había en ella.
44 El rey de la isla era bueno, santo y justo; grande era su hueste y noble su casa, pues había cien puertas en ella, un altar en cada puerta y un clérigo ante cada altar ofreciendo el cuerpo de Cristo.
45 Los clérigos entraron entonces en la casa y se bendijeron mutuamente. Toda aquella gran multitud, tanto las mujeres como los hombres, fue después a oír misa.
46 Luego les sirvieron vino, y el rey dijo a los clérigos: «Decid a los hombres de Irlanda que pesa sobre vosotros una gran venganza. Vendrán extranjeros a través del mar, habitarán la mitad de la isla y os pondrán sitio. Esto hará caer sobre ellos aquella venganza: el gran desprecio que muestran por los mandamientos y la enseñanza de Dios. Habéis pasado un mes de un año en el mar; llegaréis a casa y contaréis todas vuestras noticias a los hombres de Irlanda».
47 16 de septiembre de 1887