1 Este poeta, que desea describir la vida de Brendan,
parece tachar al hombre de Dios con un grave delito.
¡Oh cuán necio y loco es creer del santo
que el cuidado de tres mil hermanos, a quienes tomó a su cargo
y por quienes debe rendir a Dios una cuenta tremenda,
a causa de cierto rumor que se le contó al atardecer
abandonaría al punto con liviandad inaudita,
y vagaría errante por el mar durante siete años;
celebrar la santa Pascua sobre un pez durante siete años,
corriendo siempre hacia el oeste a vela, a viento, a remo;
buscar sobre el mar lo que está prometido en los cielos—
lo que todo hombre prudente considera pura locura.
¡Oh cosa prodigiosa, digna de risa y llena de necedad!
Los hermanos en casa quedan despojados de gobierno pastoral;
en alta mar un pez enorme se detiene para consuelo suyo.
Los tres mil hermanos guardan en casa una fiesta triste;
abad y hermanos celebran una fiesta célebre sobre un pez.
Este pez es tan grande que toma forma de isla;
como Britania, no sabe volverse sobre su lado,
y desde la fundación del mundo nunca ha cesado de perseguirse la cola.
Es grato insertar aquí un dicho verdadero y antiguo:
es fabuloso, no verdadero, ni siquiera parecido a la verdad;
cuanto ves escrito allí es cuento de viejas.
A esto añade más fábulas, sin cesar de inventar:
que los demonios han de salvarse y rinden alabanzas a Dios,
lo cual es demasiado hostil a la fe católica.
Pues la fe recta sostiene que, cuando cayó el príncipe,
nadie pudo caer con él que no estuviera condenado a perecer;
pero este hombre concede lugar al perdón a gran parte de ellos.
Orígenes, que salva a todos, es condenado por locura—
Orígenes, que después de muerto, leemos, fue alcanzado por el anatema
porque sus libros están manchados de múltiple cisma.
Luego Brendan, queriendo revelar el sitio del paraíso,
se empeña en imponernos tierra desnuda y piedrecitas;
que esto ha de darse a los santos como don tras el fin del mundo,
como si hubiera sido prometido, se empeña en afirmar.
¡Oh cuán flaca y miserable es la esperanza de los irlandeses,
cuya entera recompensa por sus obras después de esta vida
es tierra desnuda, piedrecitas y flores de árboles!
No así quiso prometérnoslo el amante Jesús,
él que ha de sernos dado un día como don;
y prometió que brillaríamos como el sol en el reino del Padre,
y seríamos siempre compañeros de los ángeles,
y que los limpios de corazón verían el santo rostro del Padre.
Por tanto, quien crea estas fruslerías está marcado de necedad;
quien las escribe y quien las lee tiene tiempo que perder.
Más le convendría al hermano escribir los salmos de David,
o cantar salmos a Dios por sus faltas y las de sus hermanos,
que engañar a los indoctos con escritos tan impuros.
Por tanto, hermano, conviene entregar estas fabulillas al fuego,
para que así al menos escapes de las llamas salvajes—
lo que el Rey de la patria celestial nos conceda a todos. Amén.
Versos satíricos sobre San Brendan
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