1 Suplico al admirable Rey de los ángeles, pues ese es el nombre más poderoso:
¡Dios detrás de mí, Dios a mi izquierda, Dios delante de mí, Dios a mi derecha!
Que Dios me ayude—santa la invocación—contra todo peligro que corro.
Que haya un puente de vida debajo de mí, la bendición de Dios Padre sobre mí
2 Que la Santísima Trinidad nos despierte, a quien… la muerte no es cierta,
el espléndido Espíritu Santo, la fuerza del Cielo, Dios Padre, el gran Hijo de María.
El gran Rey que conoce nuestros delitos, el Señor sin pecado sobre el mundo,
sea para mi alma contra todo… ¡Que no venga a mí el… del Diablo!
3 ¡Que Dios aparte de mí toda dificultad! ¡Que Cristo prepare mis súplicas!
¡Que los apóstoles se reúnan en torno a mí! ¡Que venga a mí la Trinidad testigo!
¡Que venga a mí… de misericordia de Cristo, que no se oculta en el canto!
¡Que no me alcancen la muerte ni el llanto! ¡Que no vengan a mí plaga ni enfermedad!
4 ¡Que no venga a mí, lejos del Hijo de Dios, un duro golpe que enloquece, que perturba!
¡Que Cristo me proteja contra toda muerte violenta, contra el fuego, contra el tumulto del mar!
Contra todo peligro que sea dañoso para mi cuerpo, con tormentas espantosas,
que el Señor venga a mí en todo tiempo, contra el viento, contra las aguas veloces.
5 Proclamaré las alabanzas del Hijo de María, que combate nuestros combates blancos;
el Dios creador responderá, coraza de la que mi lengua se jacta.
Suplicando a Dios desde los cielos, que mi cuerpo sea duraderamente laborioso:
para que no vaya al espantoso infierno, suplico al Rey a quien he suplicado.
